Los argentinos no tenemos memoria. He escuchado mil veces esta aseveración. Igualmente que cada pueblo tiene el gobierno que se merece.
Si bien he rechazado durante largos años estas verdades reveladas, hace un tiempo vengo replanteandome mi parecer. Así pienso que los argentinos tenemos la memoria que nos imponen o que nos conviene. Al igual hoy pienso que tenemos el gobierno, ya no que merecemos sino al que nos parecemos.
Algunos de los últimos acontecimientos me confirmaron que estoy en la senda correcta y que ya no debo atosigar a mi terapeuta con los multiples interrogantes acerca de mi identidad de pensamiento.
No tengo tantos años para no recordar los finales del gobierno peronista que iniciara Campora, con aquellas imagenes de los "presos políticos" saliendo de Devoto, antes que se sancionara la ley de anmistía en el Congreso de la Nación. Tampoco olvido de aquellas salidas anticipadas del colegio porque había amenaza de bomba ni la imposibilidad que se saliera a trabajar porque "los muchachos", ya enfrentados con "el viejo" tomaban determinada zona e impedían el paso. La violencia empezó antes de 1976!!!!.
Tampoco olvido como, en blanco y negro porque la TV no era como hoy, Perón los echara de la Plaza de Mayo al grito de "tarados e imberbes", esa que hoy Kirchner le escrituró a favor de los grupos piqueteros, los encapuchados de Quebracho y sus principales dueños "las madres y abuelas de todos".
Yo me acuerdo de los años del Proceso, o como quieran decirle. Pero también me acuerdo de la previa y no del Bailando o el Patinando, sino de Isabel, Lopez Rega, Celestino Rodrigo...si aquel que en la memoria, va la que algunos le queda, yo el autor del Rodrigazo. También recuerdo cuando a Rucci le decían Traviata: "la galletita de los veintitres agujeritos".
Los argentinos fuimos protagonistas de una guerra, la tan vitupereada teoría de los dos demonios existió. Ni "jóvenes idealistas" que ponían sus hijos o mujeres embarazadas como escudos o como en el caso del copamiento del "Viejo Bueno" se ocultaron dentro de la villa miseria de Monte Chingolo donde fueron a buscarlos a sangre y fuego.
Yo creo que se podía combatir la guerrila, que Perón forjó desde su exilio y de la cual se quizo desembarazar en un fria y triste tarde de junio, con la Ley. Pero porque vamos a hacer lo que corresponde si hace más a nuestra escencia violarla constantemente. Hoy, algunos de esos "jóvenes idealistas" (no todos, porque algunos se fueron a hacer negocios inmobiliarios) están gobernandonos.
Ayer fui al supermercado y el coreano me dijo que no podía comprar más de dos paquetitos de pure "Cheff". Cuanto recuerdo hacer la cola en la estación de servicio de la otra cuadra para comprar kerosene: 10 litros por persona !!!!. La inflación está instaurada y se queda. Y cuidado que no es ni el 0,5 del INDEK, sino de más del 30%. Volvimos al 85 de la mano de Alfonsin.
Ojo que yo fui uno de esos de los tantos miles que compramos el discurso que con "la democracia se come, se educa y se cura" del 83. Tan sólo me duró unos años, esos años en los que la sangre se encuentra en ebullición y la cabeza es una cosa que solo está sobre los hombros. Terminó como debía: alojándome en la mayor de las desiluciones. Porque yo le creí y pense que el 53% de los votos erán la oportunidad histórica de cambiar la política argentina, pero no para el hegemonismo desde un Tercer Movimiento Histórico (como se asemeja esto a la transversalidad K) sino a partir del irrestricto respeto de la Constitución Nacional.
Pero Alfonsin se tuvo que ir antes dejándonos en la hiperinflación y al borde de la guerra civil. Y llego Menem, el de las patillas largas que fueron cortándose de a poco. De la misma forma que mutaba el "siganme que no los voy a defraudar" y del "salariazo y la revolución productiva" a María Julia y Cavallo, si, el mismo de la convertibilidad. Esa por la cual muchos compramos el auto OKm, el departamento en cuotas o la TV color pero que también lesionó la economía de muchos al igual que en la época de Martinez de Hoz. Pero que nos hizo previsibles en un mundo del cual hoy estamos ajenos y desaparecidos.
Del menemato de los 90 o la "Decada Infame", saltamos sin red a otra ùtopia "La Alianza". Pero no para cambiar la institucionalidad sino por el sòlo hecho de ir en contra de Menem. De la Rúa puede haber sido un inepto, no voy a discutirlo tampoco a afirmarlo. Hoy creo firmemente que el gran culpable fue el ahora kirchnerista Carlos "Chacho" Alvarez que era el vicepresidente y no tuvo los atributos bien puestos para iniciar un proceso de juicio político e investigar los sobornos en el Senado que el presidía, eligiendo escaparse para preservarse. Entendamos que en Argentina y en cualquier lugar del mundo es un lodazal y para ingresar hay que embarrarse los zapatitos blancos ápodo que fuera impuesto por otro personaje: Gustavo Beliz.
Pero Chacho no estuvo sólo, lo acompañaron Alfonsin y su troupe y el peronismo bonaerense de Eduardo Duhalde, el nuevo Lazaro. Todos contribuyeron para que el flojo de De la Rua se cayera a pedazos y tuviera que ascender a los cielos de Villa Rosa en un helicoptero, mientras el tronar de las cacerolas era aprovechado por asambleas populares que pretendían hacer caer a la República en una total anarquía.
Así llegó "el Adolfo" con su obra cumbre del default, con una imagen de TV en la que mostraba su satisfacción por el aplauso de pie de toda una Asamblea Legislativa. Lo echaron con sólo haberle apagado la luz en Chapalmalal. Lo sucedieron Puerta, Camaño y luego llegó "el cabezón" a partir del clamor popular, mientras en las calles se sucedían los enfrentamientos entre las distintas facciones del peronismo.
Duhalde además de la devaluación, la promesa de vendernos dolares a 1,40 o la famosa "el que depositó dólares recibirá dólares", nos impuso a Kirchner. El mismo que calificaba a Menem como el mejor Presidente de los últimos años.
Hoy estamos todos: Kirchner con Cristina; Duhalde y Alfonsin con Lavagna; el Adolfo con el Alberto; Lilita que se pone contento con el triunfo de Capitanich por su odio a Rozas, su coterraneo y el inefable Lopez Murphy abandonado por Macri, que no le llega a nadie y se les dispersan las huestes.
Hay tanto para seguir que prometo no dejar pasar tanto tiempo; pero saben - los pocos que leen esta opinión - estoy cansado moralmente como dijera el Dr. Orgaz. Me duele la Argentina que se olvido de ser República para ser un territorio. Por eso les pido que hagamos memoria, todos, y pensemos que hacer el 28 de Octubre.
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