y todas se han avergonzados de sus gobiernos".
Gilbert Chesterton - Escritor inglés (1874-1936)
Semana Santa si las hay. Desde aquella protagonizada por Rico y Alfonsin en la primavera de la democracia, con el Soberano en la Plaza, escuchando las palabras inmortalizadas por Raúl Ricardo, luego de su regreso de Campo de Mayo, bajo el aura de una victoria cesarista que hacía preveer la gestión de su celeberrimo adlátere, "el Coti" (quien por entoncés noviaba con la Raquelita) hasta la actual Kirchnerista que protagoniza la primera ciudadana de la 5ta. Avenida, el usurero de la 1050 en la Santacrucificada Río Gallegos, hoy devenido en propietario de Olga Cosentini y el poeta Alberto, el que quiere pelearle a Julito "la Kajita feliz"; la Semana Santa se caracteriza por erizar los pelos de nuestra sensible piel.
El gallego vendía el humo de la democracía y el Tercer Movimiento Histórico, bajo las estrofas que Victor Heredía entonaba desde los balcones de la Rosada, y se bajaba los pantalones ante los reclamos de "los carapintadas". La gilada o sea "el pueblo unido jamás será vencido", se retiraba de la Plaza de Mayo después del famoso "...la casa está en orden...Felices Pascuas..." y luego del desaguisado se culminó en los indultos del "menemato". La teoría de los dos demonios se invocaba para concluir una etapa que había empezado antes del 24 de marzo de 1976 y de la cual, hoy sólo se recuerda la de un sólo lado (el izquierdo).
Actualemente, si bien la discusión parecería más trivial, menos dogmática, menos ideologizada, pero no por ello menos importante, la pelea es la misma. La diatriva de los gobernantes que se roban nuestro destino se opone a un justo reclamo de aquellos que siempre, irremediablemente siempre, se han convertido en los salvadores de la Patria, en los momentos más duros de nuestra historia: el campo...los hombres del campo.
Paradojal la actitud adoptada por Alberto y el gobierno doble comando de Néstor y Kris: propugnan despenalizar y no actuar ante la protesta social, es decir en español: que nos "banquemos" a los piqueteros, los asambleistas; "los chicos de Quebracho", cuando no a "los muchachos de Moyano" y tratar de extorsionadores a los productores agropecuarios a los que le meten la mano en el bolsillo constantemente. Ojo, que quien escribe esto no es precisamente un tipo del campo, más aún en otro tiempo, cuando los venitipico me nublaban la neurona, me quejaba y achacaba todos nuestros males a la oligarquía de la SRA. Pero también como lector de Don Arturo sé de aquel apotegma : ".. mama, haceme grande que zonzo me vengo solo...". Claro está que empecé al revés del "pueblo unido y del no pasaran" a los cuarenta y pico me reconozco más pragmatico y realista. Claro que tuve que pasar por el "Rodrigazo", "la 1050", "la tablita", "el que apuesta al dolar pierde", "el Plan Austral", "les hable con el corazón y me contestaron con el bolsillo", "el salariazo y la revolución productiva", "la convertibilidad", "el corralito y el corralon" y el que más dolió y que todavía cuando me siento duele "el que depósito dólares recibirá dólares".
Consecuentemente me fui transformando y como enseña Jauretche "empecé a ver el mundo desde el ángulo más simple del sentido común, del buen sentido". Evidentemente existe una contradicción permanente entre el discurso del Gobierno K y la acción de sus principales espadas: Le pegan al campo y hacen Kaja con las retenciones de la reina soja, esa que les permitirá comprar las voluntades que los mantienen en el poder. Declaman con el puño izquierdo en alto pero la guardan en el bolsillo derecho. Hablan de revolución socialista con Evo, Chavéz y Fidel (ahora lo sumamos a Correa) y compramos en LV, Gucci, Armani ó Hérmes, mientras construimos el palacete del Calafate o nos refugiamos en los amplios despachos de Puerto Madero, la faraonica obra de la decada infame.
Por eso basta de comernos cualquiera, basta de ver como un escándalo tapa otro, basta de ver como se llenan los bolsillos con la nuestra, mientras se ocultan bajo el paraguas de los tan mentados derechos humanos, los de algunos, y se refugian en la Universidad de las Madres que los pario.
Hoy como ayer debe primar la prudencia y la mesura esa que le falta a este desgobierno. Claro que para ello necesitamos organización y sobre todo tomar conciencia, quizas sea esto último lo más dificil cuando sufrimos de una anomía tan profunda, esa que nos tiene sumergidos en la más absoluta mediocridad.
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